La importancia de fijarse en los detalles es de vital importancia en cualquier ámbito de nuestra vida tanto en el laboral como en el social y en muchos otros.
La diferencia entre ser inteligente y ser listo es que ser inteligente significa tener capacidad de comprensión en cuestiones complejas y ser listo es saber usar esa inteligencia para resolver esas cuestiones. Es más importante lo segundo que lo primero y un ejemplo sería nuestra formación académica, no sirve de nada haber estudiado derecho si luego a la hora de la verdad no somos capaces de buscar soluciones ante un problema legal que se nos puede presentar complicado.
El fijarse en los detalles incluso en circunstancias muy difíciles es importante y tiene que ver mucho con la inteligencia emocional, nuestras emociones pueden traicionarnos o distraernos del objetivo principal y deben ser controladas.
Dejó un buen ejemplo que encontré en una película, " Caza al terrorista", en la que un militar de EE.UU es entrenado por la CIA y el Mossad para hacerse pasar por un terrorista al que se parece mucho. El militar debe parecerse en todos los aspectos al terrorista incluido su atención a los detalles. En esta escena le hacen una prueba de atención a los detalles después de hacerle pasar por un entrenamiento infernal que puede acabar con cualquiera.
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miércoles, 23 de mayo de 2012
miércoles, 9 de mayo de 2012
El camino diferente que siguió Dick Fosbury
Richard Douglas Fosbury, conocido como Dick Fosbury (1947), es un ex atleta de EE.UU especialista en salto de altura. Fue campeón de los juegos olímpicos de 1968 en México y se hizo famoso por utilizar una nueva técnica para pasar encima del listón, que posteriormente han aplicado todos los saltadores y que se conoce como Fobury Flop.
Esta nueva forma de salto revoluciono la prueba olímpica de salto de altura y desde entonces no hay un solo atleta olímpico que use otra distinta.
Dick Fosbury se entrenaba desde muy joven para competir en esta prueba pero siempre encontraba imposible saltar grandes alturas con las técnicas que siempre se usaban. Pero lejos de desanimarse y rendirse se reinvento así mismo y consiguió poco a poco y con mucho esfuerzo lo que quería. Fue experimentando hasta que encontró la forma de salto que más resultados le daba y consiguió pasar a la posterioridad.
En esta vida si queremos conseguir algo no solo hay que esforzarse ,también hay que ser imaginativo y tener muy en cuenta que no siempre tienes porque seguir el mismo camino que los demás para alcanzar el éxito si no que debes seguir tu propio camino con sus alegrias y tristezas.
Como dice Confucio hay tres caminos que llevan a la sabiduría: La imitación, el más sencillo; la reflexión, el más noble; y la experiencia, el más amargo. El primer camino es el que siempre optamos por recorrer para alcanzar el éxito y cuando fracasamos optamos por el segundo, reflexionar y preguntarnos ¿ qué hemos hecho mal?. Una vez hecha la reflexión seguimos el tercer camino de la experiencia y seguimos aprendiendo de nuestros errores con ratos amargos pero el final del camino es tonificante para nuestra alma.
Un ejemplo gracioso y divertido lo podemos encontrar en este anuncio que os dejo allí abajo y emitido hace algunos años en EITB, la Televisión pública vasca y primer grupo de comunicación de Europa en obtener la "Q" de Calidad. En el anuncio se ve una competición de lanzamiento de troncos a mano entre vikingos en la Edad Media .También participa un atleta vasco que gracias a una nueva técnica consigue obtener el lanzamiento más lejano a pesar.
Un ejemplo gracioso y divertido lo podemos encontrar en este anuncio que os dejo allí abajo y emitido hace algunos años en EITB, la Televisión pública vasca y primer grupo de comunicación de Europa en obtener la "Q" de Calidad. En el anuncio se ve una competición de lanzamiento de troncos a mano entre vikingos en la Edad Media .También participa un atleta vasco que gracias a una nueva técnica consigue obtener el lanzamiento más lejano a pesar.
Yo personalmente encontre una formula hace tiempo que me impide desistir siempre aunque las cosas no me salgan como yo espero. Esta formula matemática es: FRACASO+FRACASO+FRACASO= EXITO. Las veces que se sumen los fracasos a esta formula siempre dependeran de ti y del análisis y reflexión que hagas de esos fracasos y sepas sacar lecciones que te ayuden.
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viernes, 13 de abril de 2012
La actitud es un reflejo del liderazgo
Un verdadero lider es aquel que con su liderazgo sabe ganarse a sus jugadores o subordinados mediante el ejemplo. El líder sabe apoyarlos y animarlos cuando las cosas no han salido bien y también sabe como introducirlos en su estrategia de manera que se sientan tanto cómodos como seguros de si mismos.
A veces sucede que en los equipos surgen dos grupos en vez de uno que es como debería ser y que cada uno de estos grupos a su vez tuviera un líder que se enfrente con el líder del otro grupo creando enfrentamientos innecesarios dentro del equipo que hacen que este sea totalmente ineficaz a la hora de conseguir los objetivos propuestos ya sea cerrar un negocio, ganar una liga de fútbol, ganar un partido de rugby o terminar un estudio de arquitectura. Esta situación siempre debe evitarse a toda costa.
Los que son lideres deben ser conscientes de que deben unir a todo el equipo y también debe asumir la responsabilidad de todo lo que ocurre en el seno del equipo o grupo de trabajo, incluidos tanto el éxito como el fracaso.
En este extracto de la película "Titanes" se produce una conversación donde se puede traslucir lo que de verdad significa el liderazgo, que el líder debe dar ejemplo siempre para poder conseguir el compromiso del resto del equipo. Esta película trata de la historia de un equipo de fútbol americano de la década de los 70 con los problemas raciales de la época.
Extracto de la película " Titanes".
También hay una conversación de una película de dibujos animados ,"Bichos" ,en la que un bicho le recuerda al bicho lider que los fallos de los miembros del equipo son los fallos del lider del equipo cuando el líder trata de echar balones fuera con excusas.
Extracto de la película " Bichos".
Muchas veces vemos partidos de fútbol donde los jugadores dan un espectáculo lamentable e incluso muchos espectadores abandonan el estadio 20 minutos antes de que se acabe el tiempo para no seguir viendo esa tortura de partido que está jugando su equipo favorito. En muchas de esas ocasiones los jugadores que han jugado esos desastrosos partidos muestran apatía y dejadez ante la mala marcha del equipo pero esa actitud aunque es responsabilidad también de los jugadores muestra también un reflejo del pobre liderazgo del que son víctimas también.
No se debe juzgar a los jugadores por esa mala actitud porque esa mala actitud es reflejo de un mal liderazgo que pueden ejercer los líderes del equipo . Muchas veces hay equipos que cambian continuamente de jugadores cada año pero los nuevos jugadores exhiben las mismas malas actitudes de los antiguos jugadores porque el verdadero problema se encuentra en la dirección del equipo. Quizás haga falta mano más dura y disciplina pero eso debe ejercerlo alguién que a la vez de ejemplo consigo mismo, asuma responsabilidades ante los fracasos en vez de cambiar a los jugadores que no han funcionado y consiga el compromiso de esos jugadores con el equipo.
Aunque esto no significa que los directivos paguen solamente los platos rotos. Los jugadores también deben asumir su responsabilidad y ayudar en la consecución de los objetivos del equipo mediante su predisposición al compromiso. Muchas veces también hemos visto como ha habido jugadores que no saben integrarse en el equipo y no saben compenetrarse con él, van por su cuenta en el terreno de juego con actitudes egoístas y se piensan que son las únicas estrellas del equipo perjudicando a los demás . Un ejemplo sería aquel partido en el que el futbolista del Real Madrid no celebro ninguno de los goles de sus compañeros a excepción del que marco él mismo y ni fue a felicitarles por sus goles. Afortunadamente con el tiempo cambió su actitud y se compenetro con el equipo.
También los jugadores deben apoyarse entre ellos y asumir que la integración de un jugador en el equipo debe ser responsabilidad de todos y no solo del recién llegado. Un buen ejemplo está en la película de "Coach Carter" de Samuel L.Jackson donde el entrenador le da una serie de ejercicios físicos si quiere jugar en el equipo .Estos ejercicios deben ser realizados en un plazo límite y es muy improbable que los consiga así que el resto de los jugadores decide apoyarle realizando buena parte de los ejercicios que le han sido asignado. Esta actitud inspirada por el mismo entrenador ayuda a la creación del alma de equipo .
También los jugadores deben apoyarse entre ellos y asumir que la integración de un jugador en el equipo debe ser responsabilidad de todos y no solo del recién llegado. Un buen ejemplo está en la película de "Coach Carter" de Samuel L.Jackson donde el entrenador le da una serie de ejercicios físicos si quiere jugar en el equipo .Estos ejercicios deben ser realizados en un plazo límite y es muy improbable que los consiga así que el resto de los jugadores decide apoyarle realizando buena parte de los ejercicios que le han sido asignado. Esta actitud inspirada por el mismo entrenador ayuda a la creación del alma de equipo .
jueves, 12 de abril de 2012
La importancia de nuestro auto-control emocional
Las emociones muchas veces surgen en momentos difíciles que no podemos controlar pero lo que si podemos controlar es el control de nuestra mente y de nuestras emociones, emociones que quieren salir al mundo exterior y expresarse con mucha fuerza pero que deben ser controladas. Es complicado dominar esas emociones pero no es imposible.
Esas emociones trasladadas al exterior pueden hacer ver nuestras propias debilidades ante adversarios que pueden usarlas como armas contra nosotros, pueden hacer aflorar prejuicios internos que no estaban expuestos, etc. De allí la importancia de nuestro auto-control emocional.
Las situaciones en las que es difícil controlar nuestras emociones surgen muchas veces en momentos totalmente inesperados como en una conversación informal, en una reunión de trabajo o una discusión. Se suelen dar más especialmente en momentos de gran tensión.
Pongo como ejemplo esta escena de la película "algunos hombres buenos" donde el teniente abogado de la marina de los Estados Unidos Daniel Kaffee interroga al coronel de los marines Nathan R. Jessep, un duro oficial el cual parece no inmutarse ante las acusaciones de ordenar el código rojo ( castigo disciplinario ilegal que causa la muerte de un soldado al principio de la película y por el que se juzga a sus autores ,los cuales aluden en su defensa que solo cumplían ordenes). Al final el coronel después de un duro interrogatorio acaba sin quererlo traicionandose asimismo reconociendo a viva voz que fue él quien ordeno el código rojo ante las presiones del abogado (también influye la aparición de dos testigos traídos por Kaffee pero que realmente no se acordaban de nada y son introducidos como medida de presión). En una escena anterior de esta película el teniente Daniel Kaffee ya había apuntado la posibilidad de que el coronel realmente se sintiera orgulloso de lo que había ordenado y que deseaba soltarlo pero que las circunstancias se lo impedían ( reconocer que había dado una orden ilegal ).
Ese no es mi problema
"Ese no es mi problema" es un divertido vídeo que me he encontrado por youtube y que muestra las consecuencias de la dejadez ante problemas que al principio son pequeños pero que gracias al desinterés y dejadez de empleados y jefes que no quieren molestarse en solucionar lo que para ellos son minuncias se acaban convirtiendo en problemas muy graves que afectan a todos los de la empresa. En este caso el problema es un incendio que cada vez se va haciendo más y más grande ante la indiferencia de todos.
martes, 20 de marzo de 2012
Película "El guerrero pacífico"
Un talentoso gimnasta estudiantil con serias aspiraciones a los Juegos Olímpicos, Dan Millman (Scott Mechlowicz), vive una vida rodeada de premios de primeros lugares, chicas fáciles y fiestas, hasta que un serio accidente en moto le frustra sus aspiraciones.Se le rompe la pierna y termina en el hospital completamente destrozado.Su vida se ve arruinada,hasta que un encuentro con un hombre misterioso llamado Socrates (Nick Nolte) lo lleva a descubrir una nueva forma de ver la vida. En los meses que seguirán, Socrates y Joy (Amy Smart), una hermosa y distante chica, le ayudarán a adquirir la sabiduría que necesita para dejar atrás su pasado y seguir la huella del destino que lo transformará en un guerrero pacífico y un gran gimnasta olimpico.
Frases de la película:
- "Saca la basura de tu mente. Basura es todo aquel pensamiento que te distraiga de lo que realmente importa: estar presente plenamente en este momento, aquí, ahora".
- "Si pierdes el sentido del humor, estás perdido".
- "Morir no es triste; lo triste es que la gente no sepa vivir".
- "No hay nada que perder.
-"Cuando por fin logres vivir el presente, te sorprenderá todo lo que puedes hacer y lo bien que lo haces.
-"Conocimiento no equivale sabiduría, la sabiduría consiste en hacerlo."
-"No son reglas, son experiencias aprendidas
en mi vida."
-"La muerte no es triste, lo triste es que la gente no sepa vivir."
-"Cada momento es único, no hay instantes vacíos."
"Di por hecho lo que sabia hacer y desatendí mi vida".
-"Cuando tengas miedo utiliza la espada, llévala hasta ti y desgarra tu mente.
Destruye todos los miedos y temores, el resto vive en el pasado o en el futuro."
-"El guerrero no se rinde ante lo que le apasiona, encuentra el amor en lo que hace."
-"Ser guerrero no es ser perfecto o salir victorioso o ser invulnerable. El guerrero es totalmente frágil, es único coraje."
-"La vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas."
-"No hay que empezar ni parar, solo hacerlo".
-"La gente creen que son sus pensamientos, que equivocados están."
-"Las tres reglas: Primera: La paradoja. La vida es un misterio, no pierdas el tiempo deduciéndola.
Segunda: Humor. No pierdas su sentido, sobre todo en ti. Te dará una fuerza colosal.
Tercera: Cambio. No hay nada que perdure."
-"El viaje aporta la felicidad, no el destino."
-"¿Dónde estás? Aquí ¿Qué hora es? Ahora....¿Qué eres?Este momento."
-" Se más de lo que piensas". Y piensas más de lo que sabes...El conocimiento no equivale a sabiduría."
Escenas de la película:
http://www.youtube.com/watch?v=7ZO_SJY_WaA
http://www.youtube.com/watch?v=QO9u2Vdd0IE&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=cKKRZdNKZV0&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=hEONbqGbRKs&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=GxlnPjnbhwg&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=ymRjly4OhA8&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=S_aWgk1XTn4&feature=related
Frases de la película:
- "Saca la basura de tu mente. Basura es todo aquel pensamiento que te distraiga de lo que realmente importa: estar presente plenamente en este momento, aquí, ahora".
- "Si pierdes el sentido del humor, estás perdido".
- "Morir no es triste; lo triste es que la gente no sepa vivir".
- "No hay nada que perder.
-"Cuando por fin logres vivir el presente, te sorprenderá todo lo que puedes hacer y lo bien que lo haces.
-"Conocimiento no equivale sabiduría, la sabiduría consiste en hacerlo."
-"No son reglas, son experiencias aprendidas
en mi vida."
-"La muerte no es triste, lo triste es que la gente no sepa vivir."
-"Cada momento es único, no hay instantes vacíos."
"Di por hecho lo que sabia hacer y desatendí mi vida".
-"Cuando tengas miedo utiliza la espada, llévala hasta ti y desgarra tu mente.
Destruye todos los miedos y temores, el resto vive en el pasado o en el futuro."
-"El guerrero no se rinde ante lo que le apasiona, encuentra el amor en lo que hace."
-"Ser guerrero no es ser perfecto o salir victorioso o ser invulnerable. El guerrero es totalmente frágil, es único coraje."
-"La vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas."
-"No hay que empezar ni parar, solo hacerlo".
-"La gente creen que son sus pensamientos, que equivocados están."
-"Las tres reglas: Primera: La paradoja. La vida es un misterio, no pierdas el tiempo deduciéndola.
Segunda: Humor. No pierdas su sentido, sobre todo en ti. Te dará una fuerza colosal.
Tercera: Cambio. No hay nada que perdure."
-"El viaje aporta la felicidad, no el destino."
-"¿Dónde estás? Aquí ¿Qué hora es? Ahora....¿Qué eres?Este momento."
-" Se más de lo que piensas". Y piensas más de lo que sabes...El conocimiento no equivale a sabiduría."
Escenas de la película:
http://www.youtube.com/watch?v=7ZO_SJY_WaA
http://www.youtube.com/watch?v=QO9u2Vdd0IE&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=cKKRZdNKZV0&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=hEONbqGbRKs&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=GxlnPjnbhwg&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=ymRjly4OhA8&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=S_aWgk1XTn4&feature=related
Invictus
La intolerancia se define como la falta de la habilidad o la voluntad de tolerar algo. Muchos no toleramos la crispación y por ello mismo nos volvemos intolerantes con ella , la intolerancia de la intolerancia. ¿Excluirla, apartarla o reconciliarla?
En fechas cercanas se estrenó en España la película Invictus del director Clint Eastwood. El día que vi el cartel anunciándolo tomé buena nota, ya que no es un nombre cualquiera, ya lo conocía y lo considero extraordinario.
Invictus es un poema de William Ernest Henley, todo un canto épico ante la adversidad : “…Doy gracias al Dios que fuere por mi invicta alma, soy el amo de mi destino el capitán de mi alma…”
Este poema acompañó en los momentos más duros a un hombre llamado “Madiba” Nelson Mandela. La película se basa en un libro: Playing the enemy, que narra básicamente cómo un partido de rugby salvó y unió a una nación dividida; así pues tenemos un poema, un libro y una historia real del preso número 466/64. Un hombre que pasó 27 años en la cárcel y que se enfrentó a su destino dispuesto a perdonar, libre de rencor.
Apartheid:
El apartheid es el resultado de lo que fue, un fenómeno de segregación racial en Sudáfrica implantado por colonizadores holandeses bóer en la región, como símbolo de una sucesión de discriminación política, económica, social y racial. Fue llamado así porque significa “segregación”. Este sistema consistía básicamente en la división de los diferentes grupos raciales para promover el desarrollo. Todo este movimiento estaba dirigido por la raza blanca, que instauró todo tipo de leyes que cubrían, en general, aspectos sociales. Se hacía una clasificación racial de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia. Este nuevo sistema produjo revoluciones y resistencias por parte de los ciudadanos negros del país.
Una discriminación palpada al principio de Invictus. Los blancos juegan al rugby; los negros, al fútbol; en medio una carretera y una verja infranqueables. Dos horas después esa verja se derrumba y Sudáfrica ya es un país, sin grietas. “Lo que hizo parece de cuento de hadas, pero no lo era. Cambió el mundo”.
Analizando la historia del hombre nos encontramos con un Mandela, joven abogado, que trabaja en cuerpo y alma para defender los derechos civiles de los ciudadanos que sufrían la discriminación del Apartheid y luchaba contra el sistema, por ello es encarcelado durante casi 30 años.
Mandela entró en la cárcel con 45 años y salio con 72, para convertirse en leyenda, unificar un país roto y construir reconciliando un país nuevo y libre, sin fronteras entre blancos y negros. El apartheid era un muro de rencor y odio que cayó por la resistencia y el coraje de un hombre que supo aceptar su destino, perdonar a sus carceleros, trabajar con ellos, integrarlos en su gobierno, pero faltaba algo, dar una ilusión a su país y construir un futuro a sus hermanos blancos y negros.
Nunca tuvo una vida fácil, ni siquiera en el plano personal, tres de sus hijos no le sobrevivieron por diferentes causas, el VIH una de ellas, Sudáfrica languidecía. Quizá lo fácil, lo típico, hubiera sido una solución militar, probablemente una guerra civil, apenas el 19 % de la población era de raza blanca, quien controlaba y sometía al 81 % restante.
Fácil, hubiera sido muy fácil, tenía que construir sobre las aspiraciones de los negros y temores de los blancos, construir sin excluir, demasiados años de segregación que sólo sembró dolor y miseria.
Rugby, la magia partió de pedir un imposible: luchar por Sudáfrica como campeona del mundo del rugby; Mandela lo definió como “Una maniobra humana, no política“. Según los expertos no pasarían de cuartos de final le decían sus consejeros; “según los expertos tu y yo seguiríamos en la cárcel”, respondió. Mandela compartió el poema Invictus con el capitán de la selección de Sudáfrica, “me ayudó cuando sentía que la esperanza salía de mí, deseo que te de la fuerza que a mi me dio”.
La película –como la historia– destila humanidad y coraje ante la adversidad así como enormes dosis de sabiduría e ingenio. Posiblemente sean los mejores remedios contra la crispación y la intolerancia. Invictus invita a la reflexión más profunda del ser humano, lo más difícil a menudo es lo que debe hacerse.
En la noche que me envuelve
negra como un pozo abominable
yo agradezco al dios que fuere
por mi espíritu inconquistable.
Atrapado en este circunstancial lugar
yo he gemido pero no he llorado
ante las puñaladas que me deparó el azar
mi cabeza sangra, pero no me he postrado.
Mas allá de este lugar de furia y de lágrimas
me acosan las sombras con terror.
Pero tantos años de amenazas
me encuentran sin temor.
Ya no importa cual fue mi camino
ni cuantas culpas he acumulado.
Soy el dueño de mi destino
Y el capitán de mi alma.
http://www.marioconde.org/blog/2010/01/invictus-ricardo/
http://www.youtube.com/watch?v=BhEQ4MYCMH8&feature=related
domingo, 18 de marzo de 2012
Discurso motivador del tristemente fallecido Steve Jobs en la Universidad de Stanford
Discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford 2005
Gracias.
Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.
A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.
Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.
La primera historia versa sobre "conectar los puntos".
Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera.
Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.
Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.
Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:
“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron ellos.
Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.
Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.
Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.
En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.
En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dineropara comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna.
Me encantaba.
Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo.
En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.
Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.
Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.
Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.
Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.
Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.
Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.
Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.
Y me despidieron.
¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?
Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte.
Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.
Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley].
Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.
Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.
Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.
El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.
No os conforméis.
Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.
No os conforméis.
Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.
Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.
Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.
Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico.
Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.
Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir.
Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.
Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.
No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.
No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.
Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.
De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.
Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.
Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.
En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:
“Sigue hambriento. Sigue alocado”.
Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.
Enlace para verlo en youtube subtitulado:
jueves, 15 de marzo de 2012
Automanagement de Peter Drucker
El éxito en la economía
del conocimiento les pertenece a quienes conocen sus propios puntos fuertes, sus
valores, y sus formas de rendir mejor.
Aquellos que han tenido más éxito
en la historia de la humanidad –un Napoleón, un DaVinci, un Mozart– siempre han
sabido manejarse a sí mismos: siempre han ejercido automanagement. Eso es lo
que, en gran medida, los hizo tan exitosos. Sin embargo, son los menos. Tanto
sus talentos como sus logros deben considerarse fuera de los límites de la
existencia humana común y corriente. Pero todos, inclusive los menos dotados,
debemos aprender a autogestionarnos, a manejarnos a nosotros mismos, a hacer
automanagement. Debemos aprender a desarrollarnos. Tendremos que ubicarnos en
donde podamos dar nuestra mayor contribución. Y tendremos que mantenernos con la
mente alerta y ocupada durante una vida laboral de 50 años, lo cual significa
saber cómo y cuándo cambiar nuestro trabajo.
¿Cuáles son mis puntos
fuertes?
La
mayoría de la gente considera que sabe en qué se desempeña mejor. Por lo
general, están equivocados. Es más frecuente que sepan en qué fallan; en esto
también suelen equivocarse. Sin embargo, una persona sólo puede desempeñarse a
partir de su fortaleza. Uno no puede desarrollar su rendimiento basándose en sus
puntos débiles, más aún cuando se trata de algo que no sabe hacer.
A lo largo de la historia, las personas han tenido poca necesidad de conocer sus puntos fuertes. Uno nacía en una determinada condición o posición social y se insertaba en una especialidad laboral: el hijo de un campesino también estaba destinado a ser campesino; la hija de un artesano, esposa de un artesano, y así sucesivamente. Pero en la actualidad la gente tiene opciones. Para saber a dónde pertenecemos, debemos conocer nuestros puntos fuertes.
La
única manera de descubrir nuestros puntos fuertes es a través del análisis de
nuestras propias experiencias: feedback. Cada vez que usted tome una decisión
clave o emprenda una acción clave, escriba lo que espera que ocurra. Nueve o
doce meses más tarde, compare los resultados reales con las que fueron sus
expectativas. Este método lo vengo aplicando desde hace quince o veinte años, y
cada vez que lo aplico me sorprendo. El feedback me demostró, por ejemplo y ante
mi gran sorpresa, que cuento con una comprensión intuitiva de las personas
técnicas, sean ingenieros o contadores o investigadores de mercado. También me
demostró que no tengo demasiado eco entre los generalistas.
El
análisis de feedback no es, por cierto, algo nuevo. Lo inventó un
semidesconocido teólogo alemán en algún momento del siglo catorce, y lo
retomaron de manera independiente John Calvin e Ignacio de Loyola unos 150 años
más tarde; cada uno de ellos lo incorporó a sus seguidores. De hecho, el
constante análisis de rendimiento y resultados que este hábito produce explica
el motivo por el cual las instituciones que estos dos hombres fundaran, el
calvinismo y la orden jesuítica, llegaron a dominar Europa en menos de 30
años.
Si se
practica con constancia, este sencillo método le demostrará en poco tiempo,
quizá dos a tres años, cuáles son sus puntos fuertes: y esto es lo más
importante que usted debe conocer. El método le demostrará que lo que hace o
deja de hacer lo priva de aprovechar a fondo los beneficios de sus puntos
fuertes. Le indicará los temas para los que no es demasiado competente. Por
último, le demostrará en qué áreas carece de puntos fuertes y, en consecuencia,
no puede desempeñarse.
El
análisis de feedback implica varios temas de acción. Primero y principal,
concéntrese en sus puntos fuertes. Ubíquese donde estos puntos fuertes puedan
producir resultados.
Segundo, dedíquese a mejorar sus
puntos fuertes. El análisis pronto le mostrará dónde necesita perfeccionar sus
técnicas o adquirir otras nuevas. También le mostrará los baches en sus
conocimientos; estos, por lo general, pueden arreglarse. Se nace con vocación
por las matemáticas, pero cualquiera puede aprender trigonometría.
En
tercer lugar, descubra si su arrogancia intelectual está ocasionando una
ignorancia paralizante, y supérelo. Son muchas las personas (especialmente las
que son altamente competentes en determinado rubro) que tienen una actitud
despectiva hacia otras áreas de conocimiento, o que consideran que la
inteligencia puede reemplazar a los conocimientos. Por ejemplo, los ingenieros
de primera línea suelen enorgullecerse de no saber nada del género humano.
Consideran que sus congéneres son demasiado desordenados para la eficiente
mentalidad de ingeniería. En contraposición, los profesionales de recursos
humanos suelen jactarse de su ignorancia en lo que se refiere a contabilidad
elemental o métodos cuantitativos en general. Lamentablemente, enorgullecerse de
esta ignorancia puede conducir al fracaso. Trabaje para adquirir las técnicas y
los conocimientos necesarios a fin de sacar el mayor provecho posible de sus
puntos fuertes.
Es
igualmente importante corregir los malos hábitos: todo lo que usted hace o deja
de hacer que pueda inhibir su eficacia y rendimiento. Estos hábitos aparecen en
seguida con el feed-back. Por ejemplo, un proyectista puede descubrir que sus
hermosos proyectos fracasan debido a que no los considera en su globalidad. Como
mucha gente brillante, cree que las ideas mueven montañas. Pero las que mueven
las montañas son las topadoras; las ideas muestran a dónde deben ir a trabajar
las topadoras. Este proyectista deberá aprender que el trabajo no se detiene una
vez completada la planificación del proyecto. Debe encontrar gente que lleve a
cabo el proyecto y debe explicárselo. Debe adaptar su proyecto y modificarlo a
medida que lo va implementando. Y, por último, debe decidir cuándo dejar de
imponer el proyecto.
Al
mismo tiempo, el feedback también revelará si el problema radica en la falta de
buenas costumbres o educación. Las buenas costumbres constituyen el lubricante
de una organización. La ley de la naturaleza indica que dos cuerpos en
movimiento que están en contacto entre sí crean fricción. Esto vale tanto para
los seres humanos como para los objetos inanimados. Buena educación: cosas
sencillas como decir "por favor" y "gracias" y conocer el nombre de una persona
o preguntar por su familia, que permiten que dos personas puedan trabajar juntas
independientemente de gustarse o no. La gente brillante, especialmente los
jóvenes brillantes, a menudo no lo entienden. Si el análisis demuestra que el
excelente trabajo de una persona fracasa una y otra vez en cuanto se requiere la
cooperación de los demás, es probable que la causa sea la falta de cortesía, o
sea, la falta de educación.
La
comparación de sus expectativas con sus resultados también le indicará aquello
que no debe hacer. Todos tenemos una gran cantidad de áreas en las que no
contamos con ningún talento o habilidad y no podríamos llegar siquiera a ser
mediocres. Una persona no debería aceptar trabajo en dichas áreas, especialmente
cuando se requieren conocimientos. No hay que desperdiciar esfuerzos en mejorar
las áreas en las que uno no es demasiado competente. Lleva mucho más trabajo y
energías perfeccionarse a partir de una incompetencia para llegar a ser mediocre
que perfeccionarse de un desempeño muy bueno para llegar a ser excelente. Sin
embargo, la mayoría de las personas, especialmente los maestros y las
organizaciones, se concentran en transformar a los incompetentes en mediocres.
Las energías, los recursos y el tiempo deberían dedicarse, en cambio, a
transformar a una persona competente en un ejecutante estrella.
¿Cómo me
desempeño?
Es
increíble la poca cantidad de gente que sabe cómo hacer que las tareas se
cumplan. De hecho, la mayoría de nosotros ni siquiera sabe que las distintas
personas trabajan y se desempeñan de manera distinta. Es muchísima la gente que
trabaja con costumbres que no le son propias, lo cual prácticamente garantiza un
mal rendimiento. Para los trabajadores con conocimientos, "¿Cómo me desempeño?"
puede constituir una pregunta aún más importante que "¿Cuáles son mis puntos
fuertes?"
Al
igual que nuestros puntos fuertes, la manera en que nos desempeñamos es
exclusiva de cada uno de nosotros. Es cuestión de personalidad. Ya sea que la
personalidad provenga de la naturaleza o de la formación, por cierto que se
forma mucho antes de que una persona vaya a trabajar. Y la forma en que una
persona se desempeña es innata, igual que le son propias aquellas áreas en las
que funciona bien o mal. La manera de desempeñarse puede modificarse levemente,
pero es poco probable que pueda alterarse por completo; por cierto que, si así
ocurriera, sería una tarea sumamente ardua. Así como se obtienen buenos
resultados al hacer aquello para lo que uno sirve, también se consiguen al
desempeñarse lo mejor posible. Por lo general con sólo algunos rasgos de
personalidad puede determinarse cómo se desempeña una persona.
¿Soy ‘lector’ o soy
‘escucha’?
Lo primero que usted debe averiguar es si usted es ‘lector’
o ‘escucha’. Casi nadie sabe que hay gente que lee y gente que escucha, y que
pocos hacen las dos cosas. Son incluso menos los que saben a cuál de las dos
categorías pertenecen. Pero he aquí algunos ejemplos que demostrarán cuánto daño
puede acarrear esta ignorancia.
Cuando Dwight Eisenhower era
Comandante en Jefe de las fuerzas aliadas en Europa, era el niño mimado de la
prensa. Sus conferencias de prensa eran famosas por su estilo: el General
Eisenhower mostraba un dominio total de lo que se le preguntaba, y era capaz de
describir una situación y explicar una política en dos o tres frases elegantes e
impecables. Diez años más tarde, los mismos periodistas que lo habían admirado
lo empezaron a tratar casi con desprecio. Aducían que el ex presidente les
hablaba con rodeos, que nunca contestaba directamente las preguntas que se le
formulaban. Y vivían burlándose de él por despedazar el idioma inglés con sus
balbuceos y respuestas monosilábicas.
Aparentemente, Eisenhower no sabía
que era un ‘lector’ y no un ‘escucha’. Cuando era Comandante en Jefe en Europa,
sus asesores se aseguraban de que todas las preguntas de los periodistas fueran
presentadas por escrito por lo menos media hora antes del inicio de una
conferencia de prensa. De esta manera, Eisenhower estaba totalmente a cargo de
la situación. Cuando fue presidente sucedió a dos ‘escuchas’, Franklin D.
Roosevelt y Harry Truman. Estos dos hombres sabían que eran ‘escuchas’, y
disfrutaban de las conferencias de prensa abiertas a todo el mundo. Quizás
Eisenhower haya considerado que tenía que hacer lo que habían hecho sus dos
predecesores. Como resultado, nunca escuchaba siquiera las preguntas formuladas
por los periodistas. Y consideremos que Eisenhower no era, ni por mucho, un caso
extremo.
Algunos años después, Lyndon
Johnson destruyó su presidencia, en gran medida, al no darse cuenta de que era
un ‘escucha’. Su predecesor, John Kennedy, era un ‘lector’ que había reunido un
grupo brillante de escritores para asistirlo, asegurándose de que escribieran
para él antes de encarar personalmente cualquier tema. Johnson mantuvo este
personal, y ellos siguieron escribiendo. Aparentemente él nunca entendió una
palabra de lo que le escribían. Sin embargo, como senador, Johnson había sido
excelente; dado que, por sobre todas las cosas, los congresistas deben saber
escuchar.
Son
pocas las personas que, siendo ‘escuchas’, pueden convertirse en ‘lectores’
competentes, y viceversa. En consecuencia, el ‘escucha’ que intente ser ‘lector’
sufrirá el destino de Lyndon Johnson, en tanto que el ‘lector’ que intente ser
‘escucha’ sufrirá el destino de Dwight Eisenhower. No rendirán al máximo y no
lograrán lo que se proponen.
¿Cómo aprendo?
Lo
segundo que hay que saber acerca de cómo se desempeña uno es cómo se aprende. A
muchos grandes escritores, y valga el ejemplo de Winston Churchill, les va mal
en la escuela. Por lo general, recuerdan su época de colegio como una tortura.
Pero son pocos los compañeros que tienen ese recuerdo. Puede que no hayan
disfrutado demasiado de sus clases, aunque, en realidad, lo que más los
torturaba era el aburrimiento. La explicación radica en que, por lo general, los
escritores no aprenden escuchando y leyendo. Aprenden escribiendo. Como en la
escuela no les permiten esto, sacan malas notas.
En
todas partes las escuelas parten de la base de que existe una sola manera
correcta de aprender, y que es la misma para todo el mundo. Lamentablemente,
para los estudiantes que aprenden de forma distinta, es pavoroso que los
obliguen a seguir las pautas de enseñanza de la escuela. De hecho existen quizá
media docena de maneras de aprender.
Hay
gente que, como Churchill, aprende escribiendo. Otros aprenden tomando infinidad
de notas. Beethoven, por ejemplo, dejó un legado profuso de anotaciones; sin
embargo, decía que en realidad casi nunca las miraba cuando componía. Cuando le
preguntaban para qué las anotaba, dicen que respondía, "Si no las escribo de
inmediato me las olvido instantáneamente. Lo que anoto nunca me lo olvido, y no
necesito volver a mirarlo". Algunas personas aprenden haciendo. Otras aprenden
escuchándose a sí mismas hablar.
Un
alto ejecutivo que conozco, que transformó una empresa familiar mediocre en la
compañía líder del sector, era una de esas personas que aprenden hablando. Solía
convocar a todo su personal superior a su oficina una vez por semana, y luego
les hablaba durante dos o tres horas. Planteaba temas referidos a las políticas
de la empresa, y para cada una de ellas presentaba a discusión tres posiciones
diferentes. Rara vez solicitaba comentarios o preguntas; lo único que necesitaba
era un público ante quien exponer para escucharse a sí mismo hablar. Así
aprendía. Y si bien constituye un caso bastante extremo, aprender hablando no es
para nada un método inusual. Muchos abogados litigantes sumamente exitosos
aprenden de esta misma manera, al igual que muchos diagnosticadores médicos (y
yo también).
De
todos los componentes significativos del conocimiento de uno mismo, la
comprensión de cómo uno aprende es la habilidad más fácil de adquirir. Cuando le
pregunto a alguien, "¿Cómo aprende?", casi siempre conoce la respuesta. Pero si
pregunto, "¿Procede de acuerdo con este conocimiento?", pocos contestan
afirmativamente. Sin embargo, proceder de acuerdo con dicho conocimiento es la
clave del desempeño; o, más bien, no proceder de acuerdo con este conocimiento
es condenarse a un mal desempeño.
"¿Cómo me desempeño?" y "¿Cómo
aprendo?" son las primeras preguntas a formular. Pero de ninguna manera son las
únicas. Para que usted pueda ejercer su automanagement en forma eficaz, también
debe preguntarse, "¿Trabajo bien con gente o soy un solitario?" Y si usted
trabaja bien con la gente deberá preguntarse, "¿En qué tipo de
relación?"
Algunos trabajan mejor como
subordinados. El General George Patton, gran héroe militar norteamericano de la
Segunda Guerra Mundial, es un ejemplo excelente. Patton fue el mejor comandante
de las tropas norteamericanas. Sin embargo, cuando lo propusieron para un
comando independiente, el General George Marshall, jefe de estado –y quizá la
persona que mejor ha seleccionado a sus hombres en toda la historia de Estados
Unidos–, dijo, "Patton es el mejor subordinado que haya brindado jamás el
ejército norteamericano, pero sería un pésimo comandante".
Algunas personas trabajan mejor en
equipo. Otras trabajan mejor solas. Algunas tienen grandes talentos pedagógicos;
otras son incompetentes en esta área.
Otra
pregunta fundamental es, "¿Produzco mejores resultados como tomador de
decisiones o como asesor?" Muchas personas son sumamente eficientes como
asesores, pero no pueden enfrentar la carga y la presión de tomar la decisión.
Muchas otras personas, en cambio, requieren consejos que las obliguen a pensar
para luego tomar decisiones y proceder según las mismas con celeridad, confianza
en sí mismas y valor.
Dicho
sea de paso, esta es una de las razones por las cuales el segundo de una
organización suele fracasar cuando lo ascienden al primer puesto. El escalafón
máximo requiere alguien que tome decisiones. Los grandes tomadores de decisiones
suelen poner como vice a alguien en quien confían como asesor; en ese puesto,
esa persona es sobresaliente. Pero esa misma persona fracasa cuando se hace
cargo de la máxima jefatura. Sabe cuál debe ser la decisión a tomar, pero no
puede aceptar la decisión de llevarla a cabo.
Otras
preguntas importantes a formular son, "¿Me desempeño bien bajo presión, o
necesito un ámbito predecible y altamente estructurado? ¿Trabajo mejor en una
gran organización o en una pequeña?" Pocas personas trabajan bien en todo tipo
de ámbitos. Una y otra vez he visto gente de muchísimo éxito en grandes
organizaciones que, al pasarse a otra más pequeña, sólo se desempeñaba con
torpeza. Y viceversa, por supuesto.
Vale
la pena repetir la conclusión: no trate de cambiar; lo más probable es que
fracase. Pero trabaje mucho para mejorar su desempeño. Y trate de no aceptar
trabajos en los que no pueda desempeñarse o en los que su rendimiento sea
bajo.
¿Cuáles son mis
valores?
Para
poder llevar a cabo su automanagement, por último deberá usted preguntarse,
"¿Cuáles son mis valores?" Esta pregunta no se refiere a la ética. Con respecto
a esta última, las reglas son iguales para todo el mundo, y la prueba es
sencilla. Yo la denomino la "prueba del espejo".
En
los primeros años de este siglo, el diplomático más respetado de todas las
grandes potencias era el embajador alemán en Londres. Era evidente que estaba
destinado para grandes cosas; por lo menos, para ser el primer ministro de su
país, o su canciller federal. Sin embargo, en 1906 renunció abruptamente para no
presidir una comida ofrecida por el cuerpo diplomático a Eduardo VII. El rey era
conocido como un gran mujeriego, y no anduvo con rodeos al solicitar el tipo de
reunión que deseaba. Dicen que el embajador expresó, "Me niego a mirar a un
proxeneta en el espejo cuando me afeito".
Esa
es la prueba del espejo. La ética requiere que usted se formule esta pregunta,
"¿Qué clase de persona deseo ver en el espejo a la mañana?" Lo que es conducta
ética en una organización o situación lo es también en cualquier otra. Pero la
ética configura sólo una parte de un sistema de valores, especialmente del
sistema de valores de una organización.
Si
una persona trabaja en una organización cuyo sistema de valores es inaceptable o
incompatible con el suyo propio, está condenada a la frustración y al mal
desempeño.
Considere la experiencia de una
ejecutiva de recursos humanos sumamente exitosa, cuya empresa fue adquirida por
una organización más grande. Después de la adquisición la ascendieron para hacer
el tipo de tarea en que mejor se desempeñaba, que incluía seleccionar personal
para cargos importantes. Esta ejecutiva creía firmemente que una empresa debe
contratar gente de afuera para este tipo de puestos sólo una vez agotadas todas
las posibilidades de los miembros del personal dentro de la compañía. Sin
embargo, su nueva empresa prefería buscar afuera para "incorporar sangre nueva".
En realidad, ambos enfoques tienen sus ventajas; quizá lo correcto sería tomar
un poco de cada uno. Sin embargo, son básicamente incompatibles, no en cuanto a
políticas sino en cuanto a valores. Representan puntos de vista opuestos en las
relaciones entre las organizaciones y la gente, distintos enfoques de la
responsabilidad de una organización para con su gente y con su desarrollo, y
conceptos diferentes respecto de la contribución más importante de una persona a
un emprendimiento. Tras varios años de frustraciones, la ejecutiva renunció, con
la consiguiente pérdida financiera. Sus valores y los de la organización eran,
sencillamente, incompatibles.
De
manera similar, el hecho de que una compañía farmacéutica intente obtener buenos
resultados a través de pequeños esfuerzos constantes o por medio de grandes
descubrimientos geniales pero arriesgados no depende, en principio, de un tema
económico. Los resultados de cualquiera de estas dos estrategias pueden ser
parecidos. En última instancia, se produce un conflicto entre un sistema de
valores que contempla la contribución de la empresa en función de ayudar a los
médicos en su tarea, y un sistema de valores que se orienta hacia los
descubrimientos científicos.
También el hecho de dirigir una
empresa con vistas a los resultados a corto plazo o con la mira puesta en el
largo plazo constituye una cuestión de valores. Los analistas financieros
consideran que ambos conceptos son compatibles. Pero saben más los empresarios
exitosos. Es cierto que toda empresa debe producir resultados a corto plazo.
Pero en cualquier conflicto entre resultados a corto plazo y crecimiento a largo
plazo, cada organización debe determinar su propia prioridad. No es,
básicamente, un desacuerdo de tipo económico. Es, más que nada, un conflicto de
valores con respecto a la función de una empresa y la responsabilidad de la
gestión.
Los
conflictos de valores no se limitan a las organizaciones empresarias. Una de las
iglesias pastorales de mayor crecimiento en los Estados Unidos mide su éxito
según la cantidad de nuevos feligreses. Sus líderes consideran que lo que
importa es la cantidad de gente nueva que se una a la congregación. El Buen Dios
proveerá luego a sus necesidades espirituales, al menos una buena parte. Otra
iglesia evangélica pastoral considera que lo importante es el crecimiento
espiritual de las personas. Esta iglesia desalienta a quienes se le acercan si
mantienen una distancia espiritual.
Nuevamente, esta no es una cuestión
de cifras. A simple vista parecería que la segunda iglesia va creciendo más
lentamente. Sin embargo, retiene una proporción mucho mayor de miembros nuevos.
En otras palabras, su crecimiento es más sólido. Este tampoco es un problema
teológico; si lo es, al menos no es lo principal. Se trata de un problema de
valores. En un debate público, uno de los pastores sostuvo, "A menos que primero
vengan a la iglesia, nunca encontrarán la puerta del Reino de los
Cielos".
"No",
respondió el otro. "Hasta que no busquen la puerta del Reino de los Cielos no
tienen nada que hacer en la iglesia".
Las
organizaciones, al igual que las personas, tienen sus propios valores. Para ser
eficaces en una organización, los valores de una persona deben ser compatibles
con los valores de la organización. No necesariamente deben ser los mismos, pero
deben ser lo suficientemente aproximados como para poder coexistir. De lo
contrario, la persona no sólo se frustrará, sino que tampoco rendirá buenos
resultados.
Los
puntos fuertes de una persona y la manera en que dicha persona se desempeña rara
vez entran en conflicto; ambos aspectos se complementan. Sin embargo, algunas
veces existe un conflicto entre los valores de una persona y sus puntos fuertes.
Aquello que hace bien –incluso sumamente bien y con mucho éxito– puede no
compadecerse con su sistema de valores. En ese caso es posible que no valga la
pena dedicarle la vida a ese trabajo (ni siquiera una pequeña parte).
Permítame insertar aquí una
observación personal. Hace muchos años yo también tuve que decidir entre mis
valores y lo que estaba haciendo con éxito. Me estaba yendo muy bien como joven
banquero de inversiones en Londres a mediados de la década del 30, y el trabajo
por cierto que se llevaba bien con mis puntos fuertes. Sin embargo, yo no veía
la trascendencia de mi tarea como gerente. Me daba cuenta de que lo que a mí me
importaba era la gente, mis valores estaban en otro lado: tampoco tenía ningún
interés en ser algún día el hombre más rico del cementerio. No tenía ni dinero
ni otras propuestas laborales. No obstante, a pesar de la prolongada depresión
económica, renuncié... y fue lo correcto. En otras palabras, los valores son y
deben ser la prueba definitiva.
¿A dónde
pertenezco?
Algunas pocas personas ya saben
temprano en la vida a dónde pertenecen. Por ejemplo, los matemáticos, los
músicos, los cocineros, para cuando tienen cuatro años por lo general ya son
matemáticos, músicos o cocineros. Los médicos suelen decidir sus carreras en la
adolescencia, incluso antes. Pero la mayoría de la gente, especialmente quienes
tienen grandes dones, no saben realmente a dónde pertenecen hasta bastante
después de los veinte. Sin embargo, para esa época ya deben conocer la respuesta
a las tres preguntas: "¿Cuáles son mis puntos fuertes?", "¿Cómo me desempeño?" y
"¿Cuáles son mis valores?" Entonces pueden y deben decidir a dónde
pertenecen.
Podría decirse, al menos, que ya
estarían en condiciones de decidir a dónde no pertenecen. La persona que
aprendió que no se desempeña bien en una gran organización ya debería haber
aprendido a decir que no cuando le ofrecen un cargo en una empresa de este tipo.
La persona que aprende que no puede tomar decisiones debe haber aprendido a
decir que no cuando le ofrecen una tarea en la que se requiera dicha habilidad.
Un General Patton (quien quizá personalmente jamás haya aprendido esto) debería
haber aprendido a decirle que no a un comando independiente.
Es
igualmente importante aclarar que el conocer la respuesta a estas preguntas
permite a una persona contestar a una oportunidad, una oferta o una misión, "Sí,
eso lo puedo hacer. Pero esta es la manera en que debo hacerlo. Esta es la forma
en que debe estar estructurado. Este es el modo en que deben establecerse las
relaciones. Este es el tipo de resultados que ustedes pueden esperar de mí, y en
este plazo de tiempo, porque esta es la persona que yo soy".
Las
carreras exitosas no se planean. Se van desarrollando cuando la gente está
preparada para las oportunidades porque conoce sus puntos fuertes, su método de
trabajo y sus valores. Si uno sabe a dónde pertenece, puede transformarse de una
persona común –muy trabajadora y competente pero, en otros aspectos, mediocre–
en un ejecutante excepcional.
¿Cómo puedo
contribuir?
A lo
largo de la historia, la gran mayoría de la gente nunca tuvo que preguntarse,
"¿Cómo puedo contribuir?" Se les decía cómo contribuir, y sus tareas las dictaba
el trabajo propiamente dicho –como para el campesino o el artesano– o un patrón
o patrona, como en el caso de los sirvientes. Y hasta hace muy poco, se daba por
sentado que la mayoría de las personas eran subordinados que hacían lo que se
les indicaba. Inclusive todavía en las décadas del cincuenta y del sesenta, los
nuevos trabajadores con conocimientos (los denominados ‘hombres de la
organización’) para planear sus carreras laborales dependían del departamento de
personal de sus empresas.
Y de
repente, para fines de la década del sesenta, ya a nadie le gustaba que le
dijeran lo que tenía que hacer. Los jóvenes hombres y mujeres comenzaban a
preguntarse, "¿Yo qué quiero hacer?" Lo que oían era que la manera de contribuir
era "Haz lo tuyo". Lamentablemente, esta solución estaba tan equivocada como la
de los ‘hombres de la organización’. Muy pocas personas de aquellas que
consideraban que "Hacer lo suyo" conduciría a una contribución, a una
autorealización y al éxito llegaron a lograr alguno de estos tres.
No
obstante, ya no se vuelve a la vieja respuesta de hacer lo que a uno le indican
o le asignan. En particular, los trabajadores con conocimientos deben aprender a
hacer una pregunta nunca antes formulada: "¿Cuál debería ser mi contribución?"
Para responderla, deben enfocar tres elementos diferenciados: "¿Qué es lo que la
situación requiere? En base a mis puntos fuertes, mi forma de desempeñarme y mis
valores, ¿cómo puedo hacer la mejor contribución a lo que debe hacerse? Y, por
último, ¿qué resultados deben lograrse para que surja una
diferencia?"
Considere la experiencia de un
administrador hospitalario recién nombrado. El hospital era grande y
prestigioso, pero hacía 30 años que dormía en los laureles de su reputación. El
nuevo administrador decidió que su contribución consistiría en dedicarse a
establecer un nivel de excelencia en un área importante durante dos años. Eligió
la sala de guardia; era grande, visible, y desorganizada. Decidió que todo
paciente que pasara por la guardia debía ser atendido por una enfermera
profesional dentro de los 60 segundos de su ingreso. En doce meses, la sala de
guardia se convirtió en un modelo para todos los hospitales de los Estados
Unidos y, en los siguientes dos años, la transformación se extendió a todo el
hospital.
Tal
como sugiere este ejemplo, rara vez es posible –o particularmente fructífero–
mirar demasiado adelante. Por lo general, un plan no puede abarcar más de
dieciocho meses si ha de conservar su claridad y especificidad. De manera que,
en la mayoría de los casos, la pregunta debería ser, "¿Dónde y cómo puedo
obtener resultados que establezcan una diferencia dentro del próximo año y
medio?" La respuesta deberá equilibrar varios temas. En primer lugar, los
resultados deben ser difíciles de lograr. Para usar una expresión sencilla,
deben requerir un esfuerzo. Pero también deben ser alcanzables. Enfocar
resultados que no puedan lograrse –o que sólo puedan obtenerse en circunstancias
sumamente improbables– no es ser ambicioso; es ser tonto. Segundo, los
resultados deben ser significativos. Deben establecer una diferencia. Por
último, los resultados deben ser visibles y, en lo posible, mensurables. De aquí
surgirá un curso de acción: qué hacer, dónde y cómo empezar, y qué plazos y
objetivos establecer.
Responsabilidad en las
relaciones
Son
pocas las personas que trabajan por sí solas y logran resultados por sí solas:
algunos grandes artistas, algunos grandes científicos, algunos grandes atletas.
La mayoría de la gente trabaja con otras personas y son eficaces cuando lo
hacen. Esto es así sea porque son miembros de una organización o porque trabajan
en forma independiente. Cuando uno practica automanagement, se requiere una
responsabilidad en las relaciones. Esto tiene dos partes.
La
primera es aceptar el hecho de que otras personas tienen tanta individualidad
como usted mismo. Siempre van a insistir hasta el cansancio en comportarse como
seres humanos. Esto significa que ellos también tienen puntos fuertes; también
tienen formas de hacer que las tareas se cumplan; también tienen sus valores.
Por lo tanto, para ser eficaz, usted debe conocer los puntos fuertes, las
modalidades de desempeño y los valores de sus compañeros.
Esto
suena obvio, pero pocos le prestan atención. Es característica la persona a
quien se capacitó para escribir informes como primera tarea asignada debido a
que su jefe pertenecía a la categoría de ‘lector’. Inclusive si su siguiente
jefe es un ‘escucha’, la persona sigue escribiendo informes que,
invariablemente, no producen ningún resultado. El jefe siempre considerará que
el empleado es un estúpido, un incompetente y un vago, o que habrá de fracasar.
Pero eso podría haberse evitado si el empleado tan solo hubiera observado al
nuevo jefe y analizado cómo se desempeñaba ese jefe.
Los
jefes no son simplemente cargos o funciones en el organigrama de la
organización. Son personas individuales, y tienen derecho a hacer su trabajo
como mejor sepan hacerlo. Les corresponde a las personas que los rodean
observarlos para averiguar cómo trabajan, y adaptarse a aquello que haga que su
jefe sea más eficaz. Este es, de hecho, el secreto de "administrar" al
jefe.
Esto
mismo pasa con todos los que trabajan con usted. Cada uno de ellos trabaja a su
manera, no a la de usted. Y todos tienen derecho a trabajar a su propia forma.
Lo importante es saber si rinden, y cuáles son sus valores. En cuanto a cómo se
desempeñen, lo más probable es que todos lo hagan de manera diferente. El primer
secreto de la eficacia es comprender a la gente con quien trabaja, para que
usted pueda hacer uso de sus puntos fuertes, sus formas de trabajar y sus
valores. Las relaciones laborales que funcionan se basan tanto en la gente como
en el trabajo.
La
segunda parte de la responsabilidad en las relaciones es hacerse responsable de
la comunicación. Cada vez que cualquier otro consultor o yo empezamos a trabajar
con una organización, lo primero de lo que nos enteramos es acerca de los
conflictos de personalidad. Muchos de ellos surgen del hecho de que las personas
no saben lo que están haciendo los demás y cómo hacen su trabajo, o a qué
contribución se están dedicando los demás y cuáles son los resultados que
esperan. Y el motivo por el cual no lo saben es que no han preguntado y, por lo
tanto, no se les ha informado.
Esto
de no preguntar es más un reflejo de la historia humana que de la estupidez.
Hasta hace poco no era necesario decirle estas cosas a nadie. En las ciudades
medievales, en cada distrito todos se dedicaban a lo mismo. En el campo, todos
los que estaban en un valle cultivaban lo mismo en cuanto se derretía la
escarcha. Inclusive aquellos pocos que hacían cosas "poco comunes" trabajaban
por sí solos, así que no necesitaban contarle a nadie lo que estaban
haciendo.
Hoy
en día, la gran mayoría de la gente trabaja con otras personas que tienen
distintas tareas y responsabilidades. El Vicepresidente de Marketing puede
haberse iniciado en ventas, y saber todo acerca de ellas, pero sabe poco acerca
de aquello que nunca hizo: asignación de precios, publicidad, embalaje,
etcétera. De manera que la gente que se ocupa de estas cosas debe asegurarse de
que el Vicepresidente de Marketing comprenda en qué consisten estas tareas, por
qué hay que hacerlas, y qué resultados esperar.
Si el
Vicepresidente de Marketing no comprende lo que estos especialistas con un alto
grado de conocimientos están haciendo, la culpa no es tanto de él como de sus
empleados. Estos no se han ocupado de educarlo. De la misma manera, es
responsabilidad del Vicepresidente de Marketing asegurarse de que todos los que
trabajan con él comprendan cómo es su filosofía de marketing: cuáles son sus
objetivos, cómo trabaja, y qué espera de sí mismo y de cada uno de
ellos.
Incluso aquellos que comprenden la
importancia de asumir la responsabilidad en las relaciones suelen no comunicarse
lo suficientemente con los demás. Temen que se los considere presuntuosos o
curiosos o idiotas. Están equivocados. Cada vez que alguien se dirige a quienes
trabajan a su alrededor y les dice, "Esto es lo que sé hacer bien. Así es como
trabajo. Estos son mis valores. Esta es la contribución en la que planeo
concentrarme y estos son los resultados que espero obtener", la respuesta es
siempre, "Esto es sumamente útil. ¿Por qué no me lo dijo antes?"
Y uno
obtiene la misma reacción –según mi experiencia, sin excepción- si a
continuación uno pregunta, "¿Qué necesito saber acerca de sus puntos fuertes,
cómo se desempeña, sus valores, y la contribución que se propone?" De hecho, los
trabajadores acreditados deberían solicitar esta información a toda persona que
trabaje con ellos, sea como subordinado, como superior, como colega o como
miembro de un equipo. Y aquí también, siempre que se hace esto la reacción es,
"Gracias por preguntarme. ¿Por qué no me preguntó antes?"
Las
organizaciones ya no se construyen a partir de la fuerza sino de la confianza.
La existencia de confianza entre las personas no necesariamente implica que se
agraden mutuamente. Significa que se comprenden. Por lo tanto, asumir
responsabilidad en las relaciones es una necesidad fundamental. Es una
obligación. Tanto si uno es miembro de una organización, como si es un
consultor, un proveedor o un distribuidor que presta un servicio a la misma, uno
le debe esa responsabilidad a todos los que trabajan alrededor: aquellos de cuyo
trabajo uno depende y aquellos que dependen del trabajo de uno.
La segunda mitad de su
vida
Cuando para la mayoría de la gente
el trabajo significaba una labor manual, uno no tenía necesidad de preocuparse
por la segunda mitad de su vida. Uno sencillamente seguía haciendo lo que
siempre había hecho. Y si se tenía la suerte de sobrevivir a 40 años de duro
trabajo en el molino o en el ferrocarril, lo mejor que podía suceder era no
tener que hacer más nada en lo que quedara de vida. Hoy en día, sin embargo, la
mayor parte del trabajo requiere conocimientos específicos, y quienes trabajan
con dichos conocimientos no están "acabados" luego de 40 años de labor; están,
simplemente, aburridos.
Mucho
se ha hablado acerca de la crisis de los ejecutivos en la mitad de su vida. En
su mayoría se trata de aburrimiento. A los 45, la mayoría de los ejecutivos han
alcanzado la cumbre de sus carreras empresarias, y lo saben. Tras hacer más o
menos el mismo trabajo durante 20 años, son sumamente eficientes. Pero no están
aprendiendo ni contribuyendo ni encontrando desafíos o satisfacción en el
trabajo. Sin embargo, lo más probable es que enfrenten otros 20 o quizá 25 años
de trabajo. Es por eso que el automanagement lleva cada vez más a que uno
comience una segunda carrera.
Existen tres formas de desarrollar
una segunda carrera profesional. La primera es, de hecho, empezar una. A menudo
esto sólo significa desplazarse de un tipo de organización a otra: por ejemplo,
un contralor de división de una gran corporación que pasa a desempeñarse como
contralor en un hospital mediano. Pero hay cada vez más gente que cambia
totalmente de especialidad: por ejemplo, el ejecutivo empresario o funcionario
gubernamental que ingresa en un ministerio a los 45; o el gerente de segunda
línea que abandona la vida corporativa luego de 20 años para estudiar derecho y
convertirse en abogado en un pueblo pequeño.
Lo
más usual es que sean las personas que han logrado un cierto éxito en su primer
trabajo las que se dedican a una segunda carrera. Estas personas cuentan con
buenas habilidades, y saben trabajar. Necesitan a la comunidad –su casa está
vacía, los chicos se han ido– y también necesitan un ingreso. Pero, por sobre
todas las cosas, necesitan un desafío.
La
segunda forma de prepararse para la segunda mitad de su vida es estableciendo
una carrera paralela. Muchas personas que tienen mucho éxito en lo que es su
primera carrera profesional se quedan en el trabajo que han estado haciendo, ya
sea con tiempo completo o parcial o como asesores. Pero se crean además un
trabajo paralelo, por lo general en una organización sin fines de lucro, que les
lleva otras diez horas semanales de trabajo. Por ejemplo, pueden hacerse cargo
de la administración de su iglesia, o de la presidencia del Consejo Local de
Niñas Exploradoras. Pueden dirigir el Centro de Mujeres Golpeadas, trabajar en
la Biblioteca Pública Infantil, integrar el Consejo Escolar,
etcétera.
Por
último están los emprendedores sociales. Son, generalmente, gente que ha tenido
mucho éxito en lo que fuera su primera carrera. Aman su trabajo, pero éste ya no
les plantea desafíos. En muchos casos siguen haciendo lo mismo que venían
haciendo, pero le dedican cada vez menos tiempo. También empiezan otra
actividad, por lo general sin fines de lucro. Por ejemplo, mi amigo Bob Buford
construyó una empresa televisiva sumamente exitosa, que continúa dirigiendo.
Pero también fundó y construyó una exitosa organización sin fines de lucro que
trabaja con iglesias protestantes, y está desarrollando otra más para enseñar a
los emprendedores sociales cómo gestionar sus propios proyectos solidarios sin
necesidad de dejar sus negocios.
La
gente que administra la segunda mitad de su vida puede ser siempre una minoría.
La mayoría suele "jubilarse en el trabajo" y contar los años que faltan para su
verdadero retiro. Pero es esa minoría, la de los hombres y mujeres que
contemplan una larga expectativa de vida laboral como una oportunidad tanto para
ellos como para la sociedad, la que habrá de producir líderes y
modelos.
Existe un requisito previo para
administrar la segunda mitad de su vida: debe usted empezar mucho antes de
entrar en ella. Cuando hace 30 años empezó a ser evidente que se estaban
alargando muy rápido las expectativas de vida laboral útil, muchos observadores
(entre los cuales me incluyo) consideraron que cada vez más personas jubiladas
se volverían voluntarias para instituciones sin fines de lucro. Esto no ocurrió.
Si uno no empezó a ser voluntario antes o alrededor de los 40, no lo hará
después de los 60.
Del
mismo modo, todos los emprendedores sociales que conozco empezaron a trabajar en
su segundo emprendimiento mucho antes de haber alcanzado la cima en su actividad
original. Considere el ejemplo de un exitoso abogado, asesor legal de una gran
corporación, que inició el emprendimiento de establecer escuelas modelo en el
estado en que vivía. Empezó a ofrecer asesoramiento legal voluntario en las
escuelas cuando tenía alrededor de 35 años. A los 40 formó parte del consejo
escolar. A los 50, cuando había amasado una fortuna, inició su propio
emprendimiento para construir y dirigir escuelas modelo. No obstante esto, sigue
trabajando casi tiempo completo como asesor principal en la empresa que ayudó a
fundar cuando era un joven abogado.
Existe otra razón para desarrollar
un segundo interés importante, y desarrollarlo en forma temprana. Nadie puede
pretender vivir demasiado tiempo sin sufrir algún revés serio en su vida o su
trabajo. Está el ingeniero eficiente a quien no consideran para un ascenso a los
45. Está el competente profesor universitario que se da cuenta a los 42 años de
que nunca obtendrá una cátedra en una universidad grande, aun si reúne las
condiciones para ello. Existen las tragedias familiares: uno puede perder un
hijo o ver su matrimonio destruido. En tales circunstancias, un segundo interés
importante –no tan solo un hobby– puede ser fundamental. Es posible que el
ingeniero considere, en este momento, que no ha tenido demasiado éxito en su
trabajo. Pero en esta nueva actividad –por ejemplo, como tesorero de la iglesia–
realmente triunfa. Uno puede ver que su familia se destruye, pero en la otra
actividad sigue existiendo la comunidad.
En
una sociedad en la que el éxito ha adquirido tanta importancia, cada vez será
más necesario contar con opciones. Históricamente, al éxito no se lo conocía. La
gran mayoría de la gente no esperaba nada que no fuera permanecer en su "propio
lote", como rezaba una antigua plegaria inglesa. La única movilidad que existía
era hacia abajo.
Sin
embargo, en una sociedad basada en los conocimientos, pretendemos que todo el
mundo tenga éxito. Esto constituye, claramente, una imposibilidad. Para una gran
cantidad de gente existe, a lo sumo, una ausencia de fracaso. Siempre que existe
éxito tiene que haber algún fracaso. Y es entonces sumamente importante, tanto
para un individuo como para su familia, que pueda contar con un área en la que
pueda contribuir, establecer una diferencia, y ser alguien. Significa encontrar
una segunda área –ya sea a través de una segunda carrera, una carrera paralela o
un emprendimiento social– que ofrezca la oportunidad de ser líder, de ser
respetado, de ser un éxito.
Los
desafíos del automanagement pueden parecer obvios, hasta elementales. Y las
respuestas pueden parecer evidentes en sí mismas, casi ingenuas.
Pero
el automanagement requiere cosas nuevas y sin precedentes por parte del
individuo, especialmente si se trata de un trabajador con conocimientos. De
hecho, para administrarse a uno mismo se requiere que cada trabajador
especializado piense y se comporte como un CEO. Asimismo, el cambio de
trabajadores manuales que hacen lo que se les indica a trabajadores con
conocimientos que deben administrarse a sí mismos plantea un gran desafío a la
estructura social. Toda sociedad existente, incluso la más individualista, da
por sentadas dos cosas, aunque sea de manera subconsciente: que las
organizaciones viven más que los trabajadores, y que la mayoría de la gente se
mueve por inercia.
Pero
hoy en día la realidad es otra. Los trabajadores con conocimientos viven más que
las organizaciones, y tienen movilidad propia. En consecuencia, la necesidad de
autogestionarse está creando una revolución en los asuntos humanos.
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